Se puede suceder, en plenitud, con gracia divina, entre infantes, entre vapores, entre alcoholes. Con pañuelos, en un recoveco azul, punzante, estrecho, con pequeños adornos guardados en indecibles cofres húmedos, al lado de un ropero hecho de cierto árbol, no cualquier árbol, no cualquier ropero, porcelana, polvillo, imágenes manchadas de gente sonriente en rectángulos .. resaltar entre serpientes de hilo que salen de tus poros, malditos mares de sangre dulce, siempre a la vera de un epitafio imbécil... Siempre esperando vos, siempre salitre, siempre enlutada, siempre una silla y un vaso, un whisky y un paté de foie, una luna y sus hijas... Acontece en tu clavícula el fin de tus días, nada nuevo..
Y contemplar la metamorfosis de los vapores dibujados con fino trazo, la silla es de azares, flujos en tu vaso, matrices cuadradas, por lo tanto, aconteceres, detalles expresados en este fino vapor que en estos días se convierten en un gato en mi espalda, en una anciana sin hijos, en un espejo sin historia, en un redondo souvenir que te recuerda por qué esos libros están ahí, para que te mientan, para darle inoxidable forma a aquellos vapores, aquellas brisas en tu mano, aquella pieza de relojería insertada en un mar de indultos, y la presencia intoxicante de tus dioses de lino...
5.9.08
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