19.5.08

Pseudo-entrada

Han pasado años desde que por primera vez me dije que yo no soy escritor, que la escritura no existe y que el nudo humedecido, grueso y añejo que me acompaña todas las noches desde que no duelen mis zapatos, es más honesto que yo. Es más honesto que este pseudo-discurso susceptible de ser archivado, proclamado, adosado a un eje vertical con piernas ensangrentadas que gritan desde sus más oscuros pelos erizados. Y las nubes y Dios juegan con playmobil.

Hay palabras que nunca deberían haber existido, no, al menos sin antes bailar tap con un travestido que realiza orgías diarias con enanos y gordas, que invita a tomar la leche los domingos con tacitas de té con la cara del teto, y un mar de infinitudes de mares de pensamientos pseudo-cliché enarbolados en estandartes más grandes que

A vos te lo digo, pseudo-Tristan

Maldigo el año 1916

11.5.08

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k j l g
h. g k

h g h.

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(sí, otra vez)

Leer alabanzas y contemplar autoproclamaciones. Vestirse de polifacético, sociable, añil ente energúmeno. No decaer, invitar a no decaer. Decirse contorno. Convencerse que la cosa no es contorno. Llamarse. Escuchar pájaros, decir pájaros, tender pájaros, renormalizar pájaros, encontrar invariancias de gauge en pájaros..

Reclamar lo único que no está en juego, y decir "a veces". Decir "también". Reír de los altares, cantar de los juglares, llamar de los extraños. Entender de los idílicos. Hablar de sus raíces. Ser un payaso etimológico. Pensar en cosas grises. Pintar exuberantes cadenas frígidas. Hablar de poesía. Cantar en paraísos lánguidos, febriles y aleatorios. Reirse de la forma en la que todo converge para hacerte creer que no sos un hilo azul que desea que la neblina cante gestas ambiguas. Hay algo que te invita a vomitar pequeños conejos escarchados subido a una mesa invertida dentro de un cuarto gigante decorado con panecillos rancios enmohecidos y vasijas negras con fuego entre sus narices y alturas resignadas a no poder alcanzar sus espaldas arrugadas ante un dios suicida predecible que no deja de sudar telas pardas absorbentes que invocan la voluptuosidad del acto.

Mañana todo será distinto