Hay íconos que se levantan, embriagando la histeria.
Una vez más entes oblicuos claman, interrogan, personifican. Acaso me gusta la simpleza de decir lo que es equilibrado, lo que es pausible. Interrogan desde sus más conmovedora planicie sobre la certeza de sus decires.
Me inhiben sus cálidos suspiros, su ambivalencia obvia y sus ganas de acomodar plesiosaurios en vasijas fenicias. Sus cabellos en flor recordándome la falta de historia y de aprendizaje acerca de la inexistente gramática de los objetos.
Me derriten en cálido e ignorante estupor la cúspide de andantes seres de lata con carteles inmensos que claman contra el más estúpido de los etnocentrismos.
¿Vas a reír?¿Vas a lamer lo que queda en tu barrio de cajas transparentes?¿Vas a decirme cómo alienar mi garganta?
Aplástate en una aurora de telones harapientos y muge seda interminable.
Siente la fragancia de quienes tienen nombre, no me mires a los ojos. No escupas mis manos, no tengo carne. No arrojes exorbitantes impurezas en este mar de indultos. La ambigüedad es tu única gracia.
Dirán que el más incisivo nudo en tu garganta es un pájaro de seda.
Y morirán en su mar de contornos de mediocre efervescencia como una oración al vacío. Vistiéndose de adjetivos, los condecorarán y harán cine-arte.
.
15.6.09
Suscribirse a:
Entradas (Atom)